lunes, enero 31 |
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Ursula desde la masmédula
Reproduzco con su autorización un texto de la amiga ya retirada, pero nunca olvidada, que a mi me pareció sublime (como todo lo que ella escribe)
(Breve resplandor de un recuerdo mortecino) Empiezo pensando que di tres pasos. Cuatro pasos. Cinco, seis. Pero no. Tampoco retrocedí. Ni siquiera dos, ni cinco, ni seis pasos. Mi sombra se adelanta; yo piso sus talones. Pero al cruzar la calle, ya no es una sombra: son dos. La sombra que acompaña a esa otra sombra (que se me adelanta) no la toma de la mano, por que no tiene manos. No esta vez. Pero aún así, siento la rugosidad de esa pared rosácea. Dos pasos, tres pasos, las manos, dos besos, dos años, seis años. Las partículas de sombra se dispersan, se expanden, se resisten. De nuevo la soledad. Pero ahora sí, avanzo. Diez pasos, cien pasos, mil pasos. Si miro fijamente un punto determinado, la sucesión de imágenes cobra sentido. La sombra vuelve a pegarse a la pared rugosa contra la que rozan las yemas de mis dedos al caminar. Pero ya no camino en esa dirección. Los cuerpos son otros. Si logro reubicarlos en otras escenas del cuadro, quizá en un fondo oscuro, negro, más allá del punto de fuga; si lo logro ?pienso? quizá desaparezcan. Como figuras vacías de todo, escondidas entre los pliegues de la tela. Pero no: observan. Vigilan, controlan. Se adueñan de la escena, otra vez. Y esta vez, dos pasos, tres pasos, mil pasos. Hacia atrás: adelante. No besos, no manos: soledad.
Y aún me atrevo a amar
El sonido de la luz en una hora muda
El color del tiempo en un muro abandonado.
Alejandra Pizarnik
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Cold Mountain
If you are fighting, stop fighting.
If you are marching, stop marching.
Come back to me. Come back to me is my request.
Llueve y es de noche. En el silencio de mi casa el susurro se vuelve grito. Grito de auxilio, grito ahogado, grito desesperado. Con la voz agrietada y la garganta estirada trato de parir palabra. Expiarla.
Trato de tirar una muralla, derretirme, dejar que salga, explote. Esta sensación de encierro que vuelve y vuelve porque en realidad nunca se fue.
Estas ganas locas de que alguien me tome de la cintura y me abrace. Que me bese como el último día, como aquellos besos de verano, que sea tan intenso que me haga olvidar. Que desaparezca todo este verano y vuelva uno nuevo. Que remueva la tierra y deje crecer. Que me abra la ventana y cambie este aire encerrado que respiramos acá adentro todas nosotras, que te esperamos hace años.
Que de tanto esperar nos hemos ido oxidando. Que ya no sabemos que era lo que esperábamos en un principio.
Que de tanto esperar, ya no sabemos si hubo comienzo. Mucho menos, final.
Come back to me. Come back to Cold Mountain
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jueves, enero 27 |
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Quisiera escribir un post sobre los motores de busqueda y de llegada a este blog, pero no quiero atraer pedofilos.
Posta.
Este blog es como una de esas casas abandonadas que veo en la calle, que estan hechas mierda y nadie las arregla ni nada. Y yo las contemplo y digo "mira todas las fiestas que deben haber dado ahi! cuanta gente habra vivido..."
Como aca, que tuvo su momento de gloria (?) y ahora solo me leen las personas que realmente importan... :)
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martes, enero 18 |
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Republiqueta Cromagnon | Por Mex Urtizberea para LA NACION
Vacunas de hierro que matan.
Aviones que se despistan trágicamente.
Trenes destrozados.
Autos que corren picadas asesinas.
Motociclistas sin casco.
Rutas sin señalización.
Choferes de micros sin dormir sobre rutas sin señalización.
Esquinas fatales que esperan por un semáforo.
Alcantarillas traicioneras.
Barreras tramposas.
Hamburguesas sospechosas.
Cables sueltos, pelados, mojados, en lugares públicos.
Expedientes que se pierden.
Prófugos que no se buscan.
Justicia sólo de a ratos.
Documentos nacionales de identidad que tardan meses en llegar.
Documentos nacionales de identidad que se compran en cualquier lado.
Puertas de vidrios en escuelas.
Escuelas sin puertas, ni estufas, ni tizas.
Patovicas violentos que no figuran en ningún registro.
Burocracia para plantar un arbolito.
Arboles que se talan impunemente.
Elementos radiactivos que reparten cáncer a los habitantes.
Deposición sin esterilizar de residuos patógenos.
Deshechos industriales que contaminan el agua.
Aguas que se venden.
Barrios sin agua, con 37 grados de calor.
Pueblos inundados.
Cortes de luz sin responsables a la vista.
Estadios de fútbol cuyos alrededores se convierten en trampas mortales.
Trampas en las planillas, en las boletas, en los tickets.
Armas en cualquier mano.
Geriátricos y guarderías en manos de nadie.
Autos contrabandeados.
Discapacitados sin rampas.
Cordillera catamarqueña en venta.
Reservas naturales en venta.
Y un boliche asesino.
Desidia asesina.
185 muertos.
Estamos menos civilizados que el hombre de Cromagnon, menos avanzados, organizados, evolucionados.
Somos la República atada con alambre, hecha de cartón y media sombra, de coimas y negligencias, de piolas, bananas, vivos, langas, cancheros, pistolas, winers. De inspectores sólo de quioscos. De permisos permitidos ineficazmente.
Somos la República en emergencia, sin puertas de emergencia; en llamas, sin matafuegos.
Somos la República en la que una cadena de irresponsabilidades termina en una puerta de salida cerrada con cadena.
Somos la República de los 185 muertos porque sí.
Republiqueta de Cromagnon es tu nombre, Argentina.
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